Hace unos días volví a ver “Breakfast at Tiffany’s”. Hace unos días me peiné como Holly Golightly. No tengo esa pretensión de parecerme a ella, ni siquiera la tuve en la postadolescencia. Pero tengo alfeizar, no toco la guitarra ni el ukelele (para eso ya está Ro) y momentos Lula Mae también los hay en mi vida.
El último playback no es mío, es una extensa colaboración realizada en el fin de año de 2010-2011. Vivir así es morir de amor… (Camilo Sesto)
En interpretación me enseñaron a tener mi objetivo en algo y realizar a la vez una actividad… lo conseguí! (Y de paso… cuídate…)
Playbacks en el baño (1). Cumplir uno de los sueños de mi vida estaba mucho más cerca de lo que pensaba…
Playbacks en el baño (2)
Playback en el baño (3). Para ver esto antes pásate por el (1) y el (2)
Vacaciones. Camino a Asturias.
Desde pequeña cuando viajaba en coche (el único medio de transporte utilizado en mi familia) me gustaba mirar por la ventana. A partir de ahí todo era inventar historias (esto lo hacía cuando no dormía…).
Cuando emprendo un viaje, el suave traqueteo del coche siempre me invita a ensoñar: pequeñas huídas, estar dentro de una road movie… y por qué no, un videoclip.
Esta vez se me ocurrió la idea de grabar el playback nº3 dentro del coche, mientras Rubén conducía. Escuchamos mucha música, pero sonó la versión que Russian Red hizo de Girls just wanna have fun de Cindy Lauper y no me resistí.
Creo que la versión de 1983 me gusta más, pero esta vez quería algo tranquilo.
Este playbacks lo hice pocos días después de la muerte de Michael jackson.
Para mí Jackson ya había desaparecido y yo me resguardaba en su música de siempre, en el vinilo de mi hermana: Bad, en la cinta de Thriller… ese paraguas me mantenía en una burbuja. Y en cierta manera estoy de acuerdo con lo que dice Jose A. Pérez en su columna de Público:
Jackson reinventó el pop, el videoclip, la coreografía rockera y el concepto de raza. Fue tan brillante que se pasó, y enfermó de fama y talento, y se volvió ridículo. Michael Jackson ya estaba muerto y su muerte no ha hecho más que ratificarlo.
Tenía unos diez u once años. Estaba en la salita de mi casa, aún en el piso bajo de Bami. Allí, mi escenario, en una balda de libros enganchada la bimba de mi bici, mi querido micrófono doméstico (que relevó a la maja sin mortero). El elemento fundamental: la música, que esta vez me traía la voz de Luz Casal interpretando Un año de amor. No se me olvida la sensación: mi padre abrió la puerta para decirme que salía un momento y yo estaba con la boca totalmente abierta, los brazos extendidos y los ojos cerrados, sí, era justo el momento final de la canción, cuando la palabra ’amor’ se alarga unos segundos.
Cuando me fui a vivir con Rubén la cosa cambió. Confieso que mientras estudié la carrera se me escapaba algún playback, pero en un apartamento de 30 metros cuadrados no había lugar donde cantar ni bailar.
Ahora me he propuesto deleitaros con todos esos playbacks que dejé de hacer durante estos últimos años. Inauguro con Pony Bravo, porque hacía tiempo que no los escuchaba y me mueven. Esto es solo un calentamiento, el show acaba de empezar: